ECOS DEL 25

¿Qué va primero, el programa de gobierno o las candidaturas?

El discurso de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner el pasado 25 en la Plaza de Mayo interpeló transversalmente a toda la sociedad y a todo el arco político. Propios y extraños fueron blanco de propuestas muy concretas y claras desde la mirada de quien fuera dos veces presidenta de la Nación y, guste o no guste, hoy es la única dirigente política con capacidad multitudinaria de convocatoria.

Por Jorge Pirotta | 29-05-2023 08:29hs

Cristina les habló en primer lugar a los propios, convocando a la militancia, a la participación política y a la discusión en todos los niveles, en el barrio, en el trabajo, en los sindicatos, en las universidades, en las redes sociales.

Es decir, propuso un ejercicio que en las actuales condiciones debería considerarse revolucionario: ni más ni menos que ejercer plenamente la ciudadanía.

Porque lo que más circula en la sociedad actualmente son mensajes de campaña más o menos elaborados, muy “vendedores” de productos (los que pretenden ser candidatos o candidatas) y muy poco profundos en cuanto a lo que se aspira a realizar en un eventual y futuro gobierno.

Pero Cristina no se quedó solo con la propuesta de la discusión política. Habló de la formación de cuadros, de la formación política. Dijo con contundencia que la tarea que los argentinos debemos enfrentar no la puede llevar adelante una sola persona, se necesita organización, en todos los niveles y, ahí pasó a hablarle a toda la sociedad, se necesita tener un acuerdo básico para salir adelante, más allá de las diferentes miradas sobre la realidad nacional.

Sin titubeos le apuntó al Fondo Monetario Internacional. Dijo que era imprescindible que entre todas las fuerzas nacionales nos pongamos de acuerdo para decirle al FMI que vamos a pagar, pero en las condiciones en las que no se ponga en juego la vida y la dignidad de nuestro pueblo.

Dejó en claro que el préstamo del FMI otorgado a la administración del expresidente Macri fue una medida “política” y que, consecuentemente, el tratamiento que merece ese acuerdo es también “político”.

Sinceramente, no tengo como ciudadano la más mínima esperanza en que ese acuerdo de mayorías, que considero indispensable y estratégico para la vida nacional, pueda concretarse en el marco de este proceso electoral. Dependiendo del resultado final, es decir, del gobierno que terminemos eligiendo los argentinos este año, se abrirá o no la posibilidad de un diálogo constructivo entre las fuerzas políticas nacionales y populares.

¿Entonces? ¿Nos sentamos a esperar el resultado electoral?

De ninguna manera. Desde este medio, desde nuestro nacimiento mismo en octubre de 2019, venimos defendiendo la idea de una nación políticamente soberana, con independencia económica y justicia social.

Ese es el sentido que impulsamos desde nuestras editoriales. Por eso, creo que es fundamental que el pensamiento argentino, nacional y popular, se ponga de pie y enfrente con contundencia conceptual la andanada de fuegos de artificio (y algunas bombas sin explotar) que lanzan de manera todavía dispersa, pero con mucho respaldo mediático las distintas usinas liberales que, nuevamente, vuelven a ofrecerse como solución a todos los problemas que nos acucian utilizando medidas viejas, anacrónicas y fracasadas en el pasado reciente.

Por supuesto que habrá mejores y peores candidatos o candidatas, pero el problema principal no es ese, el gran tema es qué programa de gobierno acompaña a cada candidato.

 

Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social

Son banderas añoradas por el campo nacional y por los sectores populares, pero hoy es innegable que están siendo pisoteadas por la realidad, que es la única verdad.

Vivimos en una sociedad profundamente desigual con niveles de pobreza e indigencia insultantes, “injuriantes” diría Perón. La participación de los trabajadores en la renta nacional ha retrocedido décadas, en un proceso regresivo que se inició durante el gobierno de Macri y que el actual gobierno no ha sabido revertir.

No tenemos dominio sobre nuestra economía. Pequeños grupos concentrados de poder asociados con conglomerados transnacionales toman decisiones que influyen en toda la sociedad, con respecto al dólar, a los precios de la canasta familiar, a la explotación de nuestros recursos naturales, al manejo de nuestro comercio exterior…

¿Cómo ejercer nuestra soberanía sobre el Mar Argentino y todas las vías navegables si no tenemos dispositivos suficientes de control? ¿Cómo vamos a evitar el contrabando, por ejemplo, en las exportaciones cerealeras, si los dueños de las empresas que “certifican” las cantidades que se exportan son los mismos propietarios de las empresas que exportan? ¿Qué estamos esperando para nacionalizar el Litio y poner condiciones para su explotación que sean ventajosas para nuestro país?

Soberanía Política. Es fundamental que nos pongamos de acuerdo en el inicio del camino hacia un país mejor, más equitativo, inclusivo y solidario. Para avanzar hacia ese destino debemos consolidar férreamente la capacidad de ejercer en plenitud la soberanía política sobre todo nuestro territorio y sobre todo lo que sucede en él. Es el primer paso, la primera condición insoslayable que debemos exigir a nuestros futuros gobernantes. Si no están dispuestos a enfrentar los intereses que hoy nos tienen sometidos, si no están imbuidos del espíritu de los patriotas de 1810, si no cuentan con las condiciones mínimas para no caer de rodillas ante el poder real, mejor no se presenten a las elecciones.

Independencia Económica.Va de la mano de la soberanía política. Debemos tener control sobre nuestro comercio exterior, sobre nuestros recursos naturales y sobre nuestra política monetaria. No voy a entrar a desglosar las estupideces liberales que algunos proponen, pero, en este último punto, plantear la dolarización cuando todo el mundo está inmerso en un proceso de desdolarización es, por lo menos, una propuesta anacrónica. Lo mismo que perder el manejo de la política monetaria, algo que los propios Estados Unidos, tan admirados por los liberales, jamás harían en su país.

Pero tener independencia económica requiere, a mi humilde entender, contar con un Plan Estratégico de largo alcance, un plan que nos permita articular los esfuerzos de lo público con lo privado y que esté enfocado en el desarrollo de la producción y el trabajo, agregando valor a nuestra producción agraria básica, industrializando todo lo que podamos sustituir de nuestras importaciones, profundizando nuestra ya demostrada capacidad tecnológica y promoviendo, protegiendo y respaldando a las empresas nacionales que contribuyan a nuestra consolidación tecnológica.

Justicia Social.No tengamos dudas de que, si ejercemos con contundencia nuestra soberanía política y enfilamos el país en una senda de independencia económica, la Justicia Social puede y debe ser la resultante inequívoca de un gobierno que se precie de nacional y popular.

Una sociedad en la que comience a reinar la Justicia Social será aquella en la que quien esté en la base de la pirámide social tenga una vida digna, tal como se la puede imaginar, sin lujos ni superficialidades, en el siglo XXI.

En nuestra concepción, una vida digna comienza a ser realidad teniendo trabajo. “Gobernar es crear Trabajo” decía Perón, y ese debiera ser el principal cometido del Estado, como ya lo mencionamos al hablar de independencia económica.

Nuevamente, aquí se requiere de gobernantes que no cuenten solo con capacidad de gestión, sino que fundamentalmente tengan el coraje cívico suficiente como para hacer valer los intereses de las mayorías populares y asegurar una distribución equitativa y justa del ingreso.

Trabajar para aumentar el poder adquisitivo del salario es la mejor política que un gobierno puede implementar, porque con mejores salarios se fortalece el consumo y el funcionamiento de la economía se pone definitivamente en un camino de crecimiento y expansión.

Un Estado que se precie como tal debe contar con un territorio, una población y ejercer su soberanía.

Necesitamos un Estado fuerte para poder llevar a nuestro país a un nivel que permita elevar la calidad de vida de todo el pueblo argentino.

Tenemos territorio, amplísimo, pero despoblado. Tenemos población, tal vez mal distribuida en ese territorio, pero con un nivel casi perfecto de alfabetización, con capacidad y conocimientos demostrados en innumerables campos y situaciones.

Tenemos recursos naturales estratégicos, en un mundo que los mira con envidia y los necesita. Hagámoslos valer, pero cuidémoslos.

Tenemos todo lo necesario para lograr la grandeza nacional y la felicidad del pueblo. ¿Tenemos todo lo necesario? NO. Nos falta el programa de gobierno para hacer realidad nuestros sueños.

Esa es la gran tarea del momento.


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