ANÁLISIS INTERNACIONAL

Vladimir Putin y la posibilidad de 'perder ganando'

Vladimir Putin puede lograr una victoria en el campo de batalla, pero salir debilitado del conflicto. Estados Unidos y la OTAN tensionaron la situación hasta el punto límite, sin involucrarse en el conflicto bélico.

Por Ignacio Lautaro Pirotta | 01-03-2022 01:54hs

“Nos dejaron solos, el país más poderoso del mundo mira desde la distancia”. Las palabras de Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, durante los primeros días de la invasión dejaron en claro la decepción con la respuesta de Estados Unidos y la Unión Europea, que se limitaron fundamentalmente a sanciones económicas. La intervención militar nunca estuvo en los planes de los aliados de Kiev.

El conflicto político entre Rusia y Ucrania puede ser visto como un conflicto anunciado. Hasta días antes de la invasión, no estaba claro que el mismo desembocaría en una guerra; sin embargo, la tensión creciente entre ambos países fue predecida hace algunas décadas incluso por intelectuales y funcionarios de primer nivel estadounidense, quienes advirtieron desde mediados de la década de los noventa que la política de expansión de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) sobre las áreas de influencia rusa serían fuente de conflictos.

Luego de la disolución de la Unión Soviética (1991), y durante el primer gobierno del presidente Bill Clinton, Estados Unidos comenzó con su política de expansión de la OTAN hacia los países de la exURSS. La OTAN había sido concebida en 1949, unos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, como una alianza militar en torno de Estados Unidos y para contener a la Unión Soviética. Con la disolución de esta y con el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos comenzó la ampliación de la OTAN como una forma de extender su influencia política y militar, cercando a la Federación de Rusia, heredera de la Unión Soviética.

En 1997, George Kennan, anteriormente arquitecto de la estrategia de contención de la URSS, advirtió que “expandir la OTAN sería el error más funesto de la política estadounidense en la era post Guerra Fría”. Antes, Theodore Sorensen, exasesor de máxima confianza del presidente Kennedy, sostuvo que era “difícil imaginar una decisión más provocativa tomada con tan escasa consulta y consideración sobre las consecuencias”. La expansión promovida por Clinton también fue cuestionada por un grupo de 40 de militares, especialistas y embajadores encabezados por el ex ministro de Defensa Robert McNamara.

Es por ello que muchos ven como el principal desencadenante de la guerra a la expansión de la OTAN, que sería una provocación a Rusia, una amenaza a su seguridad. Desde esa perspectiva, cabría preguntarse por qué Estados Unidos y Ucrania insistieron en la incorporación de países de la ex Unión Soviética a la OTAN, y en particular de Ucrania. La respuesta obvia es que se trata de un país soberano, y no debería haber obstáculos para que decida sus alianzas políticas y militares. Sin embargo, esa respuesta conforme a los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos no es del todo satisfactoria desde una perspectiva de geopolítica, en tanto que la política de expansión de Estados Unidos habría agravado la situación como muchos anunciaban.

John Mearsheimer, reconocido académico estadounidense de las Relaciones Internacionales,  sostuvo en 2017 que lo más adecuado a los intereses estadounidenses era una Ucrania neutral, y no una Ucrania aliada. “La OTAN y los países europeos cometieron el error de intentar convertir a Ucrania en un botón occidental en la frontera con Rusia. Ahora las consecuencias han quedado al descubierto y será un error continuar con esta política equivocada”, vaticinaba hace cinco años.

¿Por qué motivo Estados Unidos promovió la expansión de la OTAN a pesar de tantas advertencias? En su libro El desorden mundial, Luiz Alberto Moniz Bandeira sostiene que es el dominio del sector financiero y del complejo industrial militar lo que ha promovido la expansión, en beneficio de sus intereses económicos y en detrimento de los objetivos geopolíticos estadounidenses. Más aliados de la OTAN se traducirían en más gasto militar y en endeudamiento para financiar el mismo.

No puede entenderse la conclusión de parte de los especialistas norteamericanos en contra de la expansión sin considerar: primero, la histórica vinculación de Ucrania a Rusia. El diplomático Henry Kissinger, uno de los hombres más influyentes de a política exterior estadounidense en las décadas del 60 y 70, siempre sostuvo la necesidad de que Occidente comprenda que: “Para Rusia, Ucrania nunca será simplemente un país extranjero”. Ese argumento, que sintetiza siglos de historia, volvió a manifestarlo por estos días, en una columna en el Washington Post, donde sostiene que Ucrania no debería ser considerada como un punto de conflicto, sino como un puente entre Occidente y Rusia. Esto equivale a decir que ambas partes deben ceder, postura similar a la de neutralidad de Mearsheimer.

En segundo lugar y en relación a la situación de Ucrania en particular, desde el punto de vista de Rusia hubo un golpe de Estado en Ucrania en 2014, donde Estados Unidos indirectamente promovió la caída del presidente ucraniano Viktor Yanukovich, aliado de Rusia y proveniente de las regiones pro rusas en Ucrania, y colocó en su lugar un gobierno pro europeo y estadounidense, primero con un gobierno autoproclamado, y luego con el actual presidente Zelensky, mediante elecciones. El conflicto ha dejado de ser de tipo diplomático hace varios años, con financiamiento tanto de Estados Unidos como de Rusia a los diferentes bandos dentro de Ucrania. Moscú ha tenido intervención en los grupos separatistas de las provincias del este ucraniano, donde la población es ampliamente pro rusa, y Estados Unidos como mínimo ha sido permisivo con grupos nazis como Sector Derecho que promovieron la desestabilización en 2014.

La incorporación de Ucrania a la OTAN fue considerada desde siempre como una “línea roja” por Rusia, es decir un límite que no debía ser cruzado. “Han cruzado la línea muy roja de la que he hablado numerosas veces”, sostuvo Putin al anunciar la incursión militar en Ucrania.

Como se señaló en esta columna en ocasión de la retirada de Estados Unidos de Afganistán, aquel movimiento de agosto del año pasado podía ser interpretado también como una reorganización de las fuerzas militares en función de los principales frentes de conflicto: Rusia y China, el primero fundamentalmente con la situación en Ucrania, y el segundo con la situación en el mar de China, Hong Kong y Taiwán.

Pero Estados Unidos, al menos hasta el momento, no intervino militarmente en Ucrania. Se trata de una guerra que tuvo a Rusia como favorita desde un comienzo, dada la enorme disparidad de fuerzas entre ambos países. Por ello, sin la intervención de Estados Unidos o la OTAN, la derrota de Ucrania era y sigue siendo el resultado más lógico. ¿Por qué motivo, entonces, Estados Unidos tensionó la situación en Ucrania hasta el límite de la guerra (límite que Moscú cruzó) para luego abandonar a su aliado a una derrota casi segura, allanando el camino para el triunfo ruso? Y, si la expansión de la OTAN tenía por objetivo proteger a Ucrania ¿entonces por qué no intervenir militarmente una vez que tuvo lugar la invasión rusa, o incluso antes, ya que la inteligencia estadounidense venía anticipando ese desenlace?

El tiempo reordenará el tablero de la política en Eurasia. Habrá que ver en qué posición queda Rusia luego de la guerra. Estados Unidos ha favorecido la precipitación de la guerra, para luego mantenerse al margen. Rusia, en cambio, tenía las de perder con la incorporación de Ucrania a la OTAN o la profundización de la influencia estadounidense, pero la invasión también tiene un alto costo, a pesar del posible triunfo en el campo de batalla.

El triunfo militar para Rusia puede significar conservar el acceso al Mar Negro (y desde allí al Atlańtico, pasando por el Mediterráneo, clave para sus exportaciones), y tal vez la independencia de las regiones pro rusas del sudeste ucraniano.

Del lado de los costos: sanciones económicas, devaluación y eventual crisis, desgaste militar, exaltación de los sentimientos contra Rusia en las zonas de Ucrania pro-occidentales, revitalización de la Unión Europea, incremento de las incorporaciones de nuevos países a la OTAN y aceleración de la búsqueda de alternativas al gas ruso. ¿Cuál es la situación del Gobierno puertas adentro de Rusia de cara a la sociedad? ¿Qué tan importante es eso, habida cuenta del carácter autoritario del régimen?

A largo plazo, para Rusia, los costos de invadir Ucrania pueden terminar significando mayores que el triunfo en la guerra. Por su parte, Estados Unidos llevó la situación al extremo intentando hacer de Ucrania un aliado occidental, pero luego no se involucró militarmente, por lo que los costos son indirectos. Para Estados Unidos y la OTAN los costos de la guerra son bajos. Estados Unidos ni siquiera sufrirá la crisis migratoria (otra más), que sí deberá enfrentar Europa. El triunfo en Ucrania se puede terminar traduciendo en una "derrota" para Putin, una pérdida de poder económico y político; al tiempo que lleva a Europa a romper lazos con Rusia y estrechar lazos (negocios, por ejemplo el caso del gas) con Estados Unidos.

La diferencia que significa intervenir o no, en términos de bajas, destrucción y riesgos de una escalada posiblemente sea la principal justificación para la no intervención. Sin embargo, las palabras de Zelenski puede que hagan eco en la historia: “Nos dejaron solos, el país más poderoso del mundo mira desde la distancia”

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