ANÁLISIS INTERNACIONAL

Elecciones en Perú con el fantasma de la inestabilidad de fondo

Este domingo Perú decide quién será el presidente del país por los próximos 5 años. O al menos en teoría. Es que, entre renuncias y juicios políticos, hubo cuatro mandatarios en los últimos 4 años. La inestabilidad política será uno de los grandes desafíos por venir.

Por Ignacio Lautaro Pirotta | 05-06-2021 09:30hs

Luego de la primera vuelta del 11 de abril, en la que hubo muchísima dispersión de votos, Keiko Fujimori y Pedro Castillo disputarán la segunda vuelta, este domingo, en una elección histórica. Se trata de dos candidatos con ideologías y origen social opuestos. Fujimori, quien es hija del expresidente Alberto Fujimori, promete una economía de libre mercado, aunque introduce algunas consideraciones de corte social y promete que el suyo será un modelo “socialmente sustentable”. No obstante, a grandes rasgos su propuesta es la de la continuidad del modelo económico neoliberal instaurado por su padre en los noventa. Keiko Fujimori responde a un proceso judicial por presunta corrupción, vinculada a la empresa constructora de origen brasileño, Odebrecht, y por el cual estuvo detenida de manera preventiva en dos oportunidades. La candidata va por su tercer intento de llegar a la presidencia, perdió en segunda vuelta en 2011 y 2016.

Del otro lado, Pedro Castillo, quien integra el partido Perú Libre, el cual se define como marxista y promete redactar una nueva Constitución, mediante la realización de una Asamblea Constituyente. Castillo es un maestro rural y sindicalista, y tuvo mayor visibilidad durante el paro de docentes del año 2017, el cual se extendió por un par de meses. Si Fujimori representa a lo limeño y a la élite peruana, siendo una de las políticas más conocidas del país, Castillo era hasta hace poco un desconocido para muchos y sin presencia en los medios de comunicación. La intención de voto de ambos está geográficamente bien definida en función de la procedencia de cada uno. Fujimori tiene amplia mayoría en Lima y la región metropolitana (donde se concentra un tercio de la población), y Castillo en todo el interior, sobre todo en áreas rurales. La excepción es la región Norte del país, donde hay una ventaja en favor de Fujimori aunque por pequeño margen. Así lo muestran los datos de la encuesta publicada esta semana por el Instituto de Estudios Peruanos.

Keiko es hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), quien  introdujo en el país las reformas neoliberales y consiguió bajar significativamente la inflación que entonces sacudía a Perú. Con niveles altos de aprobación, el entonces presidente Fujimori cerró el Congreso de la Nación, realizando lo que se conoce como un auto-golpe de Estado, así como otras instituciones de control. En el año 2.000, acorralado por denuncias de corrupción, aprovechó un viaje oficial para pedir asilo en Japón y renunciar a la presidencia. En 2009 fue condenado a de 25 años de prisión por delitos contra los Derechos Humanos, por una matanza y el secuestro de un periodista.

El principal clivaje de la política peruana es el de fujimorismo y anti-fujimorismo. Las elecciones con la heredera política del fujimorismo en segunda vuelta en 2011 y 2016 atestiguan eso. No obstante, si bien esta fuerza retiene una popularidad elevada, el rechazo que despierta ha sido usualmente mayor. La “suerte” de Keiko Fujimori es que en esta oportunidad tiene enfrente a un adversario con una propuesta más radical que de costumbre y, sobre todo, dispuesto a ir contra el neoliberalismo instaurado en el país. Las alternativas al fujimorismo siempre coincidieron con este en cuanto al modelo económico (la excepción es Ollanta Humala cuando era candidato). La promesa de una nueva Constitución, tal como hicieron Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Correa en Ecuador, despierta un fuerte rechazo en una parte cada vez más considerable de la sociedad. A partir de allí, Keiko Fujimori logró recortar la diferencia de hasta 10 puntos que tenía contra Castillo en las encuestas de intención de voto, llegando a las vísperas de las elecciones a un empate técnico.

 

Son muchas las personalidades y figuras que han pasado a darle su apoyo a Fujimori, considerada por ellos como un mal menor. El escritor y candidato a la presidencia en 1990 (derrotado por Fujimori padre), Mario Vargas Llosa, manifestó que lo que está en juego son dos sistemas de gobierno distintos, y le dio su apoyo a la hija de su eterno rival. Lo mismo hizo el periodista Jaime Bayly, radicado en Miami, una de las personalidades más conocidas internacionalmente, así como decenas de militares retirados, artistas y hasta jugadores de la selección masculina de fútbol. Huelga decir que el empresariado peruano apoya a la candidatura de Fujimori.

Perú se encuentra hoy en una de las peores crisis de su historia. La pandemia afectó con dureza al país, siendo uno de los más afectados de la región con una caída del 11,1% del PBI en 2020, un incremento de la pobreza desde el 20% hasta llegar al 30% y más de 180.000 muertos por Covid, sobre una población de 33 millones. Pero además, la inestabilidad política ha sido la marca de los últimos años, con 4 presidentes en cuatro años. La fragmentación política y las dificultades que ello representa en medio de una ola de investigaciones por corrupción, impulsaron una sucesión de renuncias y juicios políticos. El fujimorismo, en parte, fue uno de los grandes responsables, al aprovechar su mayoría en el Congreso para alimentar la confrontación entre el Legislativo y el Ejecutivo luego de haber perdido las presidenciales. Ahora, con las elecciones de este año, el fujimorismo perdió la mayoría, la cual pasó a manos de Perú Libre, el partido de Castillo, aunque con apenas 37 de las 130 bancas. La alta fragmentación augura dificultades para gobernar, sea cual sea el presidente. No obstante, Fujimori tiene la posibilidad de establecer alianzas con otros partidos con afinidad a su programa económico.

La calle también ha sido motivo de inestabilidad. En 2020, el disparador de las masivas manifestaciones fue lo que muchos denominaron como golpe de Estado, contra el entonces presidente Vizcarra. Las protestas sociales están siendo protagonistas en la región en los últimos años (Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, Ecuador y Colombia). Si el Parlamento puede ofrecer serias resistencias a Castillo, la debilidad de Fujimori está en el fuerte rechazo que despierta el fujimorismo. En ese contexto, ni Fujimori ni Castillo son garantía de estabilidad en Perú.

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