MES DE LA INDEPENDENCIA

Mujeres que hicieron Patria: Manuela Pedraza

Durante las Invasiones Inglesas, Manuela luchó en la reconquista de Buenos Aires de 1806. En la última batalla, se enfrentó cuerpo a cuerpo con un soldado inglés al que desarmó y mató. Su papel fue reconocido por el comandante de las fuerzas de Buenos Aires, Santiago de Liniers, quien la declaró heroína distinguida con el grado de Subteniente de Infantería con goce de sueldo.

Por Gabriela Simonotti | 25-07-2021 04:00hs

Esta es la historia de una heroína tucumana que surge en los momentos más tempestuosos de la lucha hacia la independencia. Mujer de pelo trenzado, vestida de hombre, combatió valiente junto a su marido al ejército enemigo. Conocida como “La Tucumanesa”, fue una de las mujeres que se destacaron en la defensa de la ciudad de Buenos Aires durante la Primera Invasión Inglesa. Viajó desde Tucumán, para sumar en la defensa, y sobresalió por sus convicciones en contra de las fuerzas imperiales británicas, sorprendiendo a los invasores por la fortaleza y el manejo del fusil. Luego de terminada la contienda, su labor fue reconocida por las autoridades, concediéndole sueldo oficial y grado de subteniente de Infantería, según Resolución Real del 24 de febrero de 1807.

Manuela Hurtado y Pedraza

Su fecha de nacimiento es desconocida hasta hoy, aunque se cree que nació alrededor del año 1780 en la Provincia de Tucumán. Su nombre completo era "Manuela Hurtado y Pedraza", pero era conocida por todos como "Manuela, “La Tucumanesa" (viejo estilo de "Manuela de Tucumán"), cuando luchó por defender Buenos Aires, o simplemente Manuela Pedraza. Sus padres fueron Alejandro Hurtado y Juana Petrona Hurtado; quienes probable hayan sido primos, y recibieron dispensa especial del obispo para casarse durante la segunda mitad del Siglo XVIII.

Para 1806, y en vísperas de la Primera Invasión Inglesa, circunstancia en la cual su nombre quedaría grabado para siempre en la historia, figuraba casada con "el cabo de Asamblea José Miranda, asturiano", y residía "en el segundo Cuartel, 6ª manzana, vereda al este", de la ciudad de Buenos Aires. Es decir, sobre calle Reconquista, antes de llegar a la esquina de Av. Corrientes.

En otras palabras, Manuela era vecina de Ana Perichón, la afamada amante de Santiago de Liniers que vivía a metros de su casa. En las inmediaciones se instalaría después su comprovinciano, el diputado a la Junta Grande por Tucumán, Manuel Felipe Molina. Los historiadores creen que huyó a Buenos Aires para escapar a la condena social que le significaba haber sido madre soltera de un niño bautizado el 6 de mayo de 1798, con el nombre de Juan Cruz.

Pedraza participó en la más grande batalla de la reconquista, que se llevó a cabo durante tres días: 10, 11 y 12 de agosto de 1806. Combatió encarnizadamente en las calles de Buenos Aires para reconquistar la ciudad que estaba a manos de los usurpadores ingleses. Todos participaron en la lucha, las mujeres con el mismo fervor que los hombres, entre ellos se incluye a Juan Manuel de Rosas, que tenía a la sazón 13 años, y participó en la misma.

Cuando el combate había llegado a su fin en la plaza mayor (Plaza de Mayo), donde las fuerzas al mando de Liniers trataban de tomar la Fortaleza (Casa Rosada), que era el último bastión en donde se habían atrincherado los invasores británicos, una mujer del pueblo se destacó entre los soldados, uno de los cuales era su marido, a quien había resuelto acompañar. La metralla no la acobardó. Por el contrario, se insertó junto al batallón de Patricios, en medio del fuego de metralla inglés, y con un fusil mató a los enemigos usurpadores de la ciudad. En el segundo día de la batalla, 11 de agosto de 1806, durante el combate el marido de Manuela, José de Miranda, cae mortalmente herido por un disparo de un soldado británico. Manuela tomó el fusil que dejó caer su marido, y con esa arma, mató a quien había disparado contra su esposo.

No contenta con ello persigue al pelotón enemigo y mató a otro soldado inglés de un bayonetazo. Luego le arranca el fusil, que presenta después como trofeo a Liniers. Una anécdota de la reconquista de Buenos Aires en 1806, de la que existen documentos, relata que cuando Liniers atravesó la Plaza dirigiéndose a tomar posesión del fuerte de Buenos Aires recién rendido por los ingleses, luciendo su uniforme con jirones y agujeros atravesados por tres balas, iba acompañado por una entusiasta turba que lo vivaba y milicianos en su mayoría desarmados, su atención se dirigió hacia esta brava mujer, que le presentó a “El Reconquistador” el fusil con el cual ultimara a un soldado británico, llorando la muerte de su marido, caído en acción.

Concluida la lucha con las fuerzas hispano-criollas y la capitulación incondicional de los invasores, Manuela Pedraza entrega el fusil capturado al héroe de la reconquista. Liniers y éste, en su parte de triunfo remitido a la metrópoli, expresó sobre ella en uno de sus párrafos que su lucha no debe ser olvidada. Aunque se la elogia, su humildad no parece hacer necesario el averiguar su apellido para reconocimiento de la posterioridad. Y la heroína es recompensada con el grado de Subteniente de Infantería y el goce del sueldo correspondiente.

A través de los episodios de las dos invasiones, la de 1806 y la de 1807, se la ve reaparecer muchas veces, siempre aguerridamente esforzada, entusiasmando con su palabra y con su acción a los reconquistadores primero y a los defensores, después, en las calles porteñas ensangrentadas por la lucha. Calles que recorría animada de ira ardiente, trágica en su rebeldía, apasionada e inquietante, incitando a los pusilánimes a levantarse contra los invasores o a los combatientes a luchar sin tregua. Y entre uno y otro episodio, quizás liderando el conjunto de mujeres patriotas que improvisaban uniformes para las fuerzas que se preparaban a repeler al invasor y, sobre todo, para las del criollo regimiento de Patricios o para las del humilde de Pardos y Morenos.

 

El parte de Liniers

Al término de la lucha, Liniers en el parte al Rey de España, específicamente al ministro Manuel Godoy (el "Príncipe de la Paz"), en la Corte de España, relatándole sobre la gesta de la Reconquista informa:

"No debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de Asamblea, llamada Manuela “La Tucumanesa”, que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza mató un inglés del que me presentó el fusil"

El parte de Santiago de Liniers se encuentra en el Museo del Cabildo. Atendiendo a la precaria situación económica de Manuela Pedraza, Liniers se preocupó especialmente para que Manuela Hurtado y Pedraza tuviera un merecido reconocimiento, por parte del Rey de España y del Cabildo de Buenos Aires.

 

Rey de España Carlos IV

Después de las invasiones inglesas, el Rey de España Carlos IV en el Palacio Real del Pardo la reconoció expresando lo siguiente:

“Carlos IV, el rey en despacho fechado 24 de febrero de 1807 El Rey: por cuanto atendiendo al valor y distinguida acción de doña Manuela “La Tucumanesa”, combatiendo al lado de su marido, en la Reconquista de Buenos Aires, he venido en concederle, el grado y sueldo de Subteniente de Infantería. Por tanto mando a los Capitanes Generales. Gobernadores de las Armas y demás cabos, mayores y menores, oficiales y soldados de mis ejércitos, la guarden y hagan guardar las honras, gracias, preeminencias y exenciones, que por razón de dicho grado le tocan y deben ser guardadas, bien y cumplidamente. Que así es mi voluntad y que el Ministro de mi Real Hacienda, a quien perteneciere, dé la orden conveniente, para que se tomen razón de este Despacho, en la Contaduría Principal y en ella se formará asiento con el expresado sueldo, del cual ha de gozar, desde el día del cúmplase de este Despacho, sin contribuir cosa alguna, al derecho de media anata (cantidad que se pagaba a la Hacienda Real por la obtención de un cargo u oficio y que correspondía a la mitad del sueldo del primer año de ejercicio. Se creó por Decreto de 22 de mayo de 1631. Se extendió a todos los cargos, oficios, concesiones de rentas públicas, mercedes, títulos nobiliarios, etc., salvo los eclesiásticos, que exigían determinados requisitos. Fue abolida en la Ley de Presupuestos de 1835 y 1845, reemplazándose por un descuento en el sueldo y los despachos de timbre).

Dado en El Pardo a veinticuatro de febrero de mil ochocientos siete, firmado el Rey; José Caballero; S. M. concede grado y sueldo de Subteniente de Infantería a doña Manuela "La Tucumanesa".

Este documento se encuentra en el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Reconocimiento

“La Tucumanesa”, así convertida en heroína nacional buscará la merecida gratitud. Así aparece prontamente un oficio, fechado el 25 de mayo de 1807, por el Cabildo porteño que atendía una nota que le hiciera llegar Santiago de Liniers. El héroe recomendaba el mérito de “doña Manuela Hurtado y Pedraza, que sirvió en esta capital en clase de Soldado Blandengue”.

En consecuencia, se le acordó a doña Manuela una gratificación de $50, por única vez, así igualmente el goce del sueldo de $10 mensuales (a partir del mes de junio), como “Soldado del Cuerpo de Artillería de la Unión”; en tanto el enfrentamiento con Inglaterra se siguiera extendiendo. Del cumplimiento de dicha última gratificación, genera incertidumbre una presentación de la firma autógrafa de “Manuela Urtado y Pedraza, natural de Tucumán y avecindada de la Ciudad de Buenos Aires”, solicitando se le entregue una suma del caudal de presas (botín de guerra) a que se consideraba acreedora.

El 5 de junio de 1807, Liniers, en una providencia marginal del documento, ordenó que se pasara el oficio a los Ministros de la Real Hacienda, para que se le entregara a la peticionante, 10 pesos fuertes “a cuenta de la parte que pueda corresponderle en ellas”. Teniendo en consideración la recomendación de Santiago de Liniers, y como premio del valor que evidenció Manuela Pedraza en el combate junto a su marido, se la favoreció con grado y sueldo de Subteniente; mediante Real Orden comunicada por el Ministro José Caballero a Pascual Ruiz Huidobro.

El Sr. Jaime Alsina y Verges (Teniente Coronel del Batallón de Comercio) en carta privada a Luis de la Cruz consignó en 1807: "Podemos decir que todos fueron los más valientes (en la defensa de Buenos Aires), hasta aquella oficial “La Tucumanesa”, que ha sido herida de un balazo en un muslo, a la que sin duda se le graduará como Tenienta con sueldo".

 

Su final

Manuela Pedraza pasó por nuestra historia y por la vida como una figura borrosa que refulge un momento para apagarse sin ruido, sin siquiera un chisporroteo y perderse en la oscuridad. Pero constituyó en su momento de brillo, el caso cabal de la heroína inspirada e inspiradora que surge en los momentos tempestuosos y desaparece cuando la paz reparadora llega. Entre las turbulencias de nuestras luchas civiles y quizás por la insoportable ausencia de su compañero, Manuela Pedraza fue olvidada y terminó sus días vagando trastornada e indigente, arrastrando su miseria por las calles de la ciudad que ayudó a reconquistar.

 

Homenajes

  • Hoy una calle y un colegio de Buenos Aires llevan su nombre.
  • Numerosas calles de pueblos y ciudades argentinas la homenajean, entre ellas una de Mar del Plata.
  • En la Provincia de Tucumán existe una Comuna Rural con el nombre de Manuela Pedraza, ubicada a 50 kilómetros al sur de San Miguel de Tucumán, sobre Ruta Nacional Nº 157, en el Departamento Simoca (cerca de la ciudad de Simoca). Además, una escuela primaria, sita en la localidad de Los Corpitos, lleva su nombre.
  • La ciudad de Buenos Aires premia con la "Mención de Honor Manuela Pedraza" a mujeres ejemplares en las luchas sociales de la Argentina. Fue instaurada para destacar el rol de las mujeres en las luchas sociales de nuestro país. Así dice el Gobierno de la Ciudad que: "Se pretende reivindicar la tradición de las luchas emancipatorias y de defensa de los intereses nacionales y populares por las que muchísimos compatriotas ofrendaron su vida."

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