Benito Quinquela Martín

Un camino de colores que nace en el barrio de La Boca y cruza el mundo entero

Por Marisa Massaccesi | 19-04-2020 02:00hs

Con solo pensar o  nombrar a Quinquela nos invade el color, el puerto, los barcos, el barrio de la Boca, un ícono en nuestro país.

Nació en 1890 en Buenos Aires.  De muy pequeño fue abandonado por su madre en la Casa de Niños Expósitos. A los siete años fue adoptado por la Familia Chinchella, dueños de una carbonería que estaba ubicada en las inmediaciones del puerto del Río de la Plata, así que desde muy niño estuvo conectado con ese mundo cuyo paisaje estaba repleto de color, barcos y de lugareños que contaban infinitas historias, muchas de la inmigración.

Autodidacta, lienzo y pinceles. Con carbonilla hacía un bosquejo que después rellenaba con la espátula.  Interesante abanico para comenzar un camino en el arte, digno para compartir con el mundo entero. A los 14  años empezó  a reflejar en sus dibujos el movimiento portuario con sus actores diarios y circunstanciales. La impronta de la técnica de Quinquela sobresale sobre el resto de los pintores de su época, ya que su pintura era rápida y exigía agilidad y fuerza  en cada trazo.

“Quinquela no pintó La Boca como La Boca era, sino como él quería que fuera. Después,  La Boca se pareció a Quinquela”.

Con un estilo y técnica naturalista que habla por sí sola, supo transmitir en sus obras la nostalgia, el movimiento de los trabajadores del puerto  y sus derechos, las duras condiciones laborales de la época. El  decano del departamento de Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes (IUNA)  profesor Julio Flores, expresó: “Quinquela no pintó La Boca como La Boca era, sino como él quería que fuera. Después,  La Boca se pareció a Quinquela”.

Junto a Xul Solar, Emilio Pettoruti y Antonio Berni entre otros artistas destacados, fue uno de los protagonistas de la renovación que vivieron las artes plásticas de Argentina a partir de la década de 1920. Compró varios terrenos que donó al Estado para que construyera instituciones dedicadas a la difusión del arte y otras obras para la comunidad.  En uno de esos terrenos se construyó la Escuela Museo Pedro de Mendoza (hoy Museo de Bellas Artes de La Boca), con la intervención pictórica del  propio artista.

Según sus seguidores, Quinquela es el más popular de los pintores argentinos, y el más querido.  Para ellos es como un héroe patrio por haberse mezclado la calidad de su obra artística con la de su obra solidaria.

Entre sus mejores obras podemos citar Puente de la Boca, Tormenta en el astillero, Crepúsculo en el astillero, Elevadores a pleno sol, junto a  otras, forman parte del legado del artista de un barrio que le dio identidad propia, una marca registrada, donde el arte y la vida se toman de la mano en una especie de relación de amistad irrompible.

Murió en 1977. Nos despedimos con una de sus citas:

“LaBoca es mi taller, mi refugio y mi modelo.  Todo lo que hice y todo lo que conseguí es un premio a la fidelidad.  En mi vida y en mi arte permanecí siempre fiel a mi gente, a mi puerto y a mi barrio”

 


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