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En Chaco la brecha productiva en soja es del 42 %

Por Marcelo Frankel | 04-04-2021 02:00hs

 

De acuerdo al análisis del Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA), el objetivo de minimizar la brecha productiva, que es la diferencia entre el rinde máximo que se puede lograr con los recursos disponibles versus los resultados finalmente obtenidos, se logra a través de la sustentabilidad de los sistemas, uno de los desafíos de la agricultura actual.

Según Gerardo Quintana, investigador del INTA Las Breñas, Chaco: “Entender cuáles son los factores ambientales, tecnológicos y de manejo que limitan la productividad de los cultivos es un punto clave para llevar adelante acciones que contribuyan a disminuir las diferencias.”

En este marco, de acuerdo a las observaciones de los expertos, y según el Atlas Global de Brechas Productivas (GYGA) que se basa en modelos de simulación a partir de datos meteorológicos locales aportados por el Instituto, para la región subhúmeda de la provincia del Chaco la brecha productiva promedia el 42 %.

Luego de un trabajo colaborativo conjunto entre el INTA, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) y la Universidad Nacional de Rosario (UNR), en la Red de Evaluación de Cultivares de Soja del NEA, Quintana destacó: “A partir del análisis de los datos de ensayos en campos de productores, desde 2008 a la fecha, se comprobó que los Rendimientos Máximos Obtenibles (RMO) están próximos a los Rendimientos Potenciales”.

A través de técnicas de análisis de modelos lineales mixtos, los expertos determinaron que los factores ambientales que más influenciaron sobre la productividad (rendimiento) fueron: las lluvias totales recibidas durante el ciclo, el periodo de 30 días anterior a la siembra, la evapotranspiración y los episodios de estrés térmico durante el periodo reproductivo.

 

Según el estudio, los rindes máximos son obtenidos en fechas de siembra en torno a los 20 días de diciembre. “Retrasos en dicha fecha, después del 10 de enero, provocan pérdidas potenciales de rendimiento de 46 kilogramos por día (kg/día), mientras que después del 25 de enero se pierden 65 kg/día”, detallaron.

Con respecto a las lluvias, fueron necesarios 650 milímetros acumulados durante el ciclo del cultivo de soja, incluyendo el periodo de 30 días anteriores a la siembra, y se perdieron 24 kg/hectárea por cada episodio de estrés térmico (2 días consecutivos con temperaturas mayores a 35º C).

Con respecto al desgaste del suelo, por cada 10 años de actividad agrícola del mismo, el potencial de rendimiento disminuyó en 62 kg/hectárea.

Para achicar la brecha productiva, el INTA recomienda tres prácticas. La primera, está centrada en la elección del Grupo de Madurez (GM). “Los cultivares de ciclo cortos son los que presentan mayor potencial de rendimiento para la región, mientras que los de ciclo largo tienen baja tasa de perdida en lotes de menor potencial”, detalló Quintana.

Como segunda opción, la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja sostiene que la elección de variedades adaptadas genera mejores resultados sobre potencial productivo y la estabilidad del cultivo.

Finalmente, recomiendan la reducción de la distancia entre surcos. Desde los 52 centímetros tradicionalmente utilizados hasta 26 centímetros o incluso menos. Así, se puede morigerar la pérdida de rendimiento provocada por el retraso de la fecha de siembra.

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