Agricultura en la Patagonia

Productores de Aapresid cerca del máximo

Un grupo de productores busca desarrollar la agricultura extensiva bajo riego en el valle de Río Negro. Apuntan a ajustar el manejo para su máximo potencial.

Por Camila Correa | 15-04-2020 11:30hs

Productores de Aapresid decididos a desarrollar sistemas agrícolas bajo riego, se concentran en La Chacra Valle Irrigado del Norte Patagónico, en los valles del Río Negro.

Alejados de los ambientes productivos típicos de nuestro país, con  falta de precipitaciones y la alta demanda ambiental que implica grandes pérdidas por evapotranspiración hacen del riego una herramienta indispensable: "Los suelos tienen escaso desarrollo y tenor de materia orgánica",explicó la institución.

Pero las temperaturas medias y una oferta de radiación que supera la de las zonas más productivas del país, crean condiciones agroecológicas excepcionales para el desarrollo de los cultivos.

Maíces de 140 toneladas… y más

“Cuando logramos ajustar la oferta de agua y nutrientes, el maíz es capaz de captar la elevada oferta de radiación y transformarla en grano, expresando su potencial aún a bajas densidades”, explica la Ing. Agr. Magali Gutierrez, Gte. Técnica del proyecto.

Ensayos con densidades de 50.000 plantas/ha expresaron hasta 9 espigas de alta productividad en un metro lineal, es decir, 3 espigas  por planta.

Los lotes de producción se manejan hoy con densidades de 90.000-100.000 semillas/ha.

Se siembran sobre antecesor Vicia villosa entre el 15 y el 25 de octubre, ajustando el nitrógeno (N) disponible a 300 kg/ha (N-suelo + fertilizante) y riego sin déficit. “Aquí los rendimientos probablemente estén por arriba de las 14 toneladas/ha. Pero los picos que vemos en algunos puntos indican que podemos aspirar a potenciales de 18 tn/ha”, advierte Gutiérrez.

La soja se hace esperar

Para el equipo técnico de la Charca, este techo está impuesto por la falta de genética adaptada. Por eso trabajan junto con EEA INTA Valle inferior en ensayos con variedades experimentales no modificadas genéticamente traídas de EEUU, cuyos grupos de madurez (GM) van de 0.3 a 3.0. Según Mariano Donofrio de INTA: “la idea es explorar materiales más cortos que los que ofrece hoy el mercado (menores a GM III) que permitan que los estadios críticos - principalmente el llenado de granos - coincidan con ventanas de mejor oferta ambiental”.

 

La incorporación de leguminosas, como soja y vicia, cumple un rol clave en estos sistemas. Por un lado, permiten rotaciones más sustentables ayudando a bajar los altos volúmenes de rastrojos que dejan los cereales y que - por el clima de la zona -  son de degradación lenta. Además son fuente de nitrógeno, que junto a su sistema radicular favorecen el desarrollo de suelos poco evolucionados.

En el caso de la soja, su incorporación es además una oportunidad de desarrollo para el territorio, ya que produce proteína vegetal que puede ser transformada localmente para generar valor agregado.

 

Fuente: Aapresid

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