Sociedad

Cómo saber en qué encuestas confiar y los errores más comunes

Desde el sorpresivo triunfo de Trump en 2016, las encuestas quedaron en el centro de los cuestionamientos. Sin embargo, siguen siendo consumidas por políticos y el público en general.

Por Ignacio Lautaro Pirotta | 15-05-2022 10:47hs

Era la madrugada del miércoles 9 de noviembre de 2016, cuando, para sorpresa de todos,  las cadenas de noticias de Estados Unidos anunciaban que Donald Trump había sido electo el 45° presidente de aquel país. El resultado sorprendió hasta al mismo Trump. Hillary Clinton había estado siempre arriba en las encuestas de intención de voto, con una distancia considerable desde el inicio, aunque en el tramo final la tendencia era de crecimiento del magnate. Habiendo sido incapaces de anticipar el resultado correctamente, las encuestas fueron objeto de fuertes cuestionamientos. Sin embargo, 6 años después las mismas continúan ocupando un lugar central en la cobertura sobre política y procesos electorales, y siguen siendo ampliamente consumidas por el público. Entre los políticos, las encuestas son un brújula permanente en la toma de decisiones.

Existen varios interrogantes legítimos en torno a las encuestas de opinión pública. El principal de ellos es si sirven para captar lo que sucede en la sociedad, sobre su opinión respecto a temas puntuales o su intención de voto. Sobre las encuestas también existe un uso inapropiado de parte del público, comenzando por los periodistas. La interpretación de las encuestas en ocasiones no es tan sencilla, y en como mínimo se deben tener presente algunos principios.

En primer lugar, ¿qué es una encuesta? Una encuesta consiste en una serie de preguntas para medir las opiniones de un grupo definido, por ejemplo los habitantes de un país. Pero en el caso de las encuestas que vemos a diario en la prensa, sobre la aprobación del gobierno o de intención de voto, se trata de encuestas realizadas con muestras representativas. La muestra es la parte de la población sobre la que se realiza la encuesta, un grupo que puede ser por ejemplo de 1500 personas. Que la muestra sea representativa quiere decir que refleja la composición de todos los habitantes del país (o grupo que se quiera investigar), respetando los porcentajes de hombres y mujeres, los grupos etarios y los datos socioeconómicos, con ingresos y nivel de estudio, entre otros.

Cuando la muestra es representativa, se puede extrapolar el resultado de la encuesta al conjunto del grupo que se investiga. Es decir, las respuestas del grupo de 1500 personas (la muestra), se generalizan a todo el país. Se trata de un método científico, que requiere cálculos complejos y muy precisos. Además, las encuestas cumplen otra serie de requisitos, como por ejemplo la forma equilibrada en que están confeccionadas las preguntas (sin inducir respuestas determinadas), así como la neutralidad del entrevistador que realiza las preguntas.

Pero, si hay tanto método ¿Por qué suele haber errores en las mediciones y por qué hay encuestas con resultados tan diferentes?

En primer lugar, el caso de la elección de Donald Trump contó sin dudas con una subestimación de los analistas políticos -que realizan interpretaciones de las encuestas- respecto a las posibilidades de este de ganar. Sin embargo, las encuestas mostraron la tendencia de significativa reducción de la distancia entre Trump y Clinton. En segundo lugar, Trump perdió el voto popular, pero fue electo gracias al sistema del Colegio Electoral al ganar en algunos estados que se creía serían para su contrincante. Por supuesto que los encuestadores estadounidenses tienen en cuenta el sistema electoral, pero el mismo puede dificultar la proyección de resultados, ya que ganar por unos pocos votos en dos o tres estados cambia completamente la elección. En el caso de aquella elección hubo algunos errores en las mediciones en estados claves que hicieron toda la diferencia.

Otro caso de encuestas que no reflejaron el resultado final se dio en las PASO argentinas de agosto de 2019. Hubo más de una encuesta que mostraba paridad entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, incluso una publicada un par de semanas antes de la elección, del banco de inversiones brasileño BTG Pactual, que lo daba a Macri “arriba por casi dos puntos”, según informaron los medios (lectura que veremos está equivocada). A partir de esas encuestas, el resultado del 11 de agosto, con una diferencia enorme en favor del actual presidente, tomó por sorpresa a algunos. Sin embargo también hubo encuestas que anticiparon los números correctos, entre ellas las realizadas internamente por el Frente de Todos.

Las diferencias entre los resultados de distintas encuestas pueden tener que ver con las metodologías con que se realizan, el momento en que se realizan (en una semana el panorama puede cambiar completamente, dependiendo de los acontecimientos), se pueden haber realizado preguntas diferentes, o formuladas de modo diferente. En líneas generales, es erróneo comparar encuestas con diferentes metodologías: una encuesta realizada online (que tranquilamente puede cumplir con el requisito de ser representativa), con una realizada de manera presencial, es decir cara a cara. Algo habitual es que las encuestas telefónicas, sobre todo si son automáticas, sean respondidas mayormente por aquellos más interesados en el tema (por ejemplo personas con afinidad a determinado partido político), que las presenciales, donde puede ser más fácil que las personas accedan a responder.

Para muchos encuestadores la metodología presencial es la que ofrece menos posibilidades de sesgos. El problema es que se trata de encuestas que pueden llegar a ser más de diez veces más caras que las encuestas realizadas por teléfono o internet.

La Guía Esomar/Wapor para sondeos de opinión da algunas pistas de cómo saber si se puede confiar en una encuesta. En primer lugar, se debe ver quién la realizó, si se trata de una organización independiente especializada en encuestas y si la misma tiene buena reputación. Otro punto es saber quién pagó por la encuesta, si fue encomendada por un medio de comunicación o por un banco, alguna empresa en particular o un partido político. Esa información puede ayudarnos a evaluar que tan seriamente se pueden tomar los resultados de la encuesta. En algunos casos, esa información es publicada por los medios. En otras hay que indagar. Lo correcto es que la información se publique.

Lo más importante de todo es tener acceso a la ficha técnica de la encuesta. Allí deberá constar: la metodología para la recolección de los datos (por teléfono, presencial o por internet); el tamaño de la muestra; cuándo se realizó la encuesta; cuál es el margen de error (en general es aceptable un margen de +/- 3%); y el nivel de confianza, que no debe ser menor al 95%. Además los medios de comunicación deben informar de modo exacto la pregunta que se les realizó a los entrevistados, ya que la manera en que se formulan las preguntas puede incidir en las respuestas obtenidas. Con toda esa información es posible tener una idea de qué tan confiable es la encuesta en cuestión.

Algunos errores frecuentes al mirar encuestas

Un error muy común es comparar encuestas diferentes y llegar a la conclusión de que hubo cambios en la opinión pública. Encuestas similares en cuanto a metodología y momento de su realización pueden dar resultados diferentes simplemente porque las preguntas se formularon de distinta manera, por ejemplo ofreciendo opciones distintas. ¿Cuál es su opinión sobre el gobierno? con las opciones “bueno”, “malo” o “regular”; es muy diferente a ¿Ud. aprueba la gestión de gobierno?” o “no”. Para empezar, en un caso hay tres opciones, mientras que en la otra solo dos, por lo que las respuestas de distribuyen de manera muy diferente.

Otro error frecuente es ignorar la existencia del margen de error de las encuestas. Por lo general las encuestas tienen un margen de error de 2 puntos para más o para menos. En el caso que vimos de Macri y Alberto Fernández, la encuesta los daba técnicamente empatados, ya que la diferencia era menor a dos puntos, y por lo tanto estaban dentro del margen de error. Con una diferencia dentro del margen de error, lo correcto es informar que “están técnicamente empatados”, y no que “tal candidato está casi dos puntos por encima” como sucedió en aquella ocasión. Oscilaciones dentro del margen de error también tienen que ser consideradas como tales, y no “una caída de 1 punto”, por ejemplo.

Otro error común es tomar encuestas que no son representativas como si lo fueran. Por ejemplo, las encuestas realizadas en redes sociales no lo son. Por el contrario, dadas las características endogámicas de las redes, las encuestas realizadas allí suelen ser fuertemente sesgadas. Por ejemplo, una encuesta realizada en redes por un medio de comunicación con una postura en favor del gobierno, y en consecuencia una audiencia favorable a este, tendrá un claro sesgo “oficialista”.

Lamentablemente, el desinterés o la falta de formación en cuestión de encuestas por parte de los periodistas tiene como resultado que muchos de estos puntos son omitidos. La publicación de encuestas debe ir acompañada, como mínimo, de la ficha técnica, algo que no suele suceder.

Por último, a los fines del análisis político, sea por parte de un especialista o del público en general, hay preguntas que son más adecuadas que otras en determinados momentos. Por ejemplo, a más de un año de las elecciones, puede tener poco sentido preguntar respecto a la intención de voto. Más allá de los círculos hiperinformados, el público en general no tiene una opinión formada respecto a las elecciones con tanto tiempo de antelación, siendo entonces más adecuadas las encuestas que evalúen la imagen de los principales referentes políticos, las opiniones respecto a determinados temas o la aprobación o no del gobierno.

También existen otras formas de investigar la opinión pública, como las de tipo cualitativo, como los famosos grupos focales o focus group, o las entrevistas en profundidad. Ese tipo de investigaciones tienen la ventaja de indagar en detalle las opiniones de la gente y ver a motivaciones más profundas o potenciales inclinaciones del voto.

En suma, las encuestas no son infalibles y hay que tener algunos recaudos a la hora de leerlas, pero son sin dudas una gran herramienta utilizada por políticos, empresarios y el público en general

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